Tiene los ojos más bellos que puedas imaginar. Toda ella brilla como un pequeño e hiperactivo sol en miniatura. Tiene 5 años. La adoro.
Diálogo 1: Lógica elemental
- "No mi amor, para eso tenemos que tener mucha plata. En este mundo todo se compra con platita..."
- "Entonces, ¡compremos mucha piata...!
Diálogo 2: Existencialismo infantil
- "Cuando el corazón deja de funcionar uno se muere"
- Y, mi amor, ¿qué es morirse?
- "Es cuando ya no estás"
Danáe
SOBRE EL EXILIO VOLUNTARIO
Estas son las palabras que utilicé para ese cometido.
• ME VAN A DISCULPAR ESTE COMIENZO TAN PROVINCIANO, TAN DECIDIDAMENTE FARMER...
...pero es que, en un país hambriento de triunfos, rico en derrotas y postergaciones, siempre será una bienvenida noticia que un compatriota nuestro triunfe. Y no importa si es un Marcelo Martins transferido al Werder Bremen, el más reciente triunfo de las hermanitas Deheza o de la selección de raquetbol… Cada uno de esos episodios nos vuelve extraña, y razonablemente, felices.
Y, obviamente, que un artista boliviano, un paisano nuestro gane uno –con Jurado Internacional y todo-, es pues un motivo de gran felicidad. Así que, Editorial el País, le “achuntó” de nuevo.
• LA NOVELA: SER ABDUCIDOS
No sé ustedes, pero yo, lector de novelas, busco en ellas evasión, un pasaporte hacia otro mundo, hacia otra realidad, porque muchas veces –esta que tenemos no nos alcanza-, es gris, es pobre, es aburrida, es cruel, es por eso que encantados acometemos la lectura de un libro que nos transporta hacia otras realidades posibles, de las cuales volvemos enriquecidos, en una extraña y mágica dialéctica que tanto bien le hace al alma.
Cuando yo agarro una novela, quiero ser secuestrado, hipnotizado, abducido por la trama. Quiero que sean las dos de la mañana y, "¡carajo!, mañana hay trabajo”, y me prometo leerme un solo capítulo más y luego, fallarme, una y otra vez.
Al día siguiente, claro, nadie sabrá explicarse cómo es posible que ojeras y felicidad se lleven tan bien.
Y ese secuestro, esa abducción es lo que tu novela, Claudio, ha logrado en mí.
¿Por qué?

• TRAMA: LOS MUCHOS EXILIOS / EL EXILIO DE UNO MISMO
Imagino que es por varias razones. La primera porque en tu novela, además del exilio “externo”, Carlos, el protagonista es un exiliado de adentro, de su persona, de sí mismo. Y esa distancia le otorga algunas libertades perversas y envidiables.
• LA IRONÍA: UNA MIRADA SIN RECRIMINACIONES, SIN MORAL
Entre ellas la de una moral sin recriminaciones, sin el absurdo peso cultural de una conciencia entrenada por curas, madres y profesores en el terrible ejercicio de sentirse mal hasta de ser felices.
Que considera el sexo como un pecado (y no como la celebración de vida, que es), que se cree en la hedentina de canales y periodistas asalariados por quien detente el poder, por políticos enemigos de la vida (pero que ganan el Premio Nobel de la Paz como Henry Kissinger), etc.
Es por eso que digo que me gusta ese animal entrañable que escribes, que describes, que sos.
• EL VÉRTIGO NARRATIVO
Por otro lado, hay en tu novela un vértigo que seduce y atrapa, un torrente verbal muy alejado de la narrativa clásica y que, por el contrario, coquetea con el caótico mundo interior de quien está enfermo, sufre de saudade o está enamorado (perdón por la redundancia).
Tu novela es un río estrepitoso e inteligente.
De muestra un botón: Págs: 86 y 87.
• LA POESÍA
Finalmente, quiero referirme también a la poesía presente, a la sorprendente belleza del lenguaje empleado, como por ejemplo, cuando en la Pág. 35 dices: “La vida, animal pequeñito, se le va en dos sangres”. Hermoso. Extraño. Memorable.
Amigas y amigos, créanme –no hay una pizca de demagogia en esto- El exilio voluntario es la novela ideal para leer en medio de este brutal y bienvenido surazo.
Muchas gracias.
Gracias por el fuego
Esto es lo que salió...
17 de mayo. 18:30 con 38 segundos. Mientras tomo el café me llega el sms escueto y fatídico: “Se murió Benedetti…”.
“¡Mier-da! ¡Se murió Benedetti!”, repito en voz alta, lento y desencajado, interrumpiendo –de paso- la conversación entre mi prima y su cortejo. Momentos después, en la cocina, mi prima me pregunta: “¿Vos lo conociste?”. Quedo callado un largo tiempo, como abismado, luego le respondo rápido, casi por cumplir. En cambio, contestarme a mí mismo me toma un poco más de tiempo. ¿Lo conocí a Benedetti? Vayan estas líneas como un intento de respuesta.
Toma 1
Me es imposible recordar exactamente dónde y cómo lo conocí, cómo llegó a mis manos el primer libro suyo o para quién memoricé el primer poema. Cuando acordé, él ya estaba instalado en el medio mi vida, cosa nada extraña, puesto que es así, exactamente, como suele ocurrir con los grandes afectos.
Toma 2
Churrasco en mi casa. Me “encomiendan” al hijo de uno de los visitantes. Lo invito a ver conmigo un partido de fútbol por TV cable (Barcelona vs. Real Madrid, supongo). De pronto alguno dice: “El gol es el orgasmo del fútbol…”, y aclara, casi tímido: “al menos así lo define Galeano”. Mutua mirada de sorpresa e incredulidad. “Entonces, ¿también lo ubicás a Benedetti?, surge la pregunta. Dos segundos después traigo mis “Poemas de otros”, “La tregua”, “Inventario”, “El cumpleaños de Juan Ángel” y “Gracias por el fuego”. Sucede entonces la magia. Nos reconocemos paisanos del alma, ciudadanos de una misma alegría, habitantes del mismo extraño vecindario.
El resto de la tarde –por supuesto- nos la pasamos compartiendo poemas y datos, en pocas palabras, lo nuestro fue un típico caso de “amistad a primera vista”.
Hoy mi amigo cursa un doctorado en literatura en los Estados Unidos. Se llama Leonardo Bacarreza y sé –con absoluta certeza- que va a hacernos sentir muy orgullosos de ser bolivianos.
Toma 3
Chopería “El chupacoto”. Jueves. Ciudad de los anillos. Choleadito. Los infaltables amigos y una morena que empieza a encandilarme. Pronuncio para todos el infaltable “Táctica y estrategia”, y también “Rostro de vos” y “Bienvenida”. Vuelve a suceder la magia: la morena me mira intrigada y sonriente, y lo que es aún mejor, mi amigo David M. –en cuya cabeza (pensábamos) solo existía espacio para la cotización del dólar- comienza a aprenderse un poema para acometer (por enésima vez) la conquista de una escurridiza ucraniana adicta al vodka…
Toma 4
Dos cuerpos húmedos y gozosos, ajenos al mundo. El corazón que sigue desbocado, con la lengua afuera. Las mutuas almas enredadas flotando –envidiosas y transpiradas- a varios metros sobre la cama.
Quiero decir algo (y no me sale nada, ni siquiera espuma), tan solo versos de Benedetti. Y los voy pronunciando en prolijo desorden, primero como un río, luego como una catarata. Los repito como si me los estuviera inventando en ese momento, como si los estuviese creando ahí, justo para esa exacta mujer, como si fuese la primera vez que son pronunciados… y quizá lo es.
Toma 5
En el medio de mi felicidad, alguien desliza, venenoso, un: “…pero tu poesía se parece a la de Benedetti…”. Yo, encantado, le agradezco el elogio…
Toma final
17 de mayo. 18:30 con 38 segundos. Mientras tomo un café me llega el sms escueto y fatídico: “Se murió Benedetti…”.
Digo (maldigo) algo en voz alta. Momentos después alguien me pregunta en la cocina “si lo conocí”. Esta vez no dudo, le digo que “sí”, y pienso: “sí, querida prima, con seguridad, mucho más que a vos...”.
Postales de la FIL
Entre ellas:
La cola para entrar. El domingo, a eso de las seis de la tarde, cuando llegué a la Feria con Danáe, mi cuñadito y la de los ojos extraños, una larga y sorprendente cantidad de personas hacían cola para entrar… ¡¡¡A LA FERIA DEL LIBRO!!! No a ver tetas ni traseros, sino libros. Bien por la ciudad de los anillos.
La novela El exilio voluntario. Claudio Ferrufino-Coqueugniot ha escrito una novela que el inefable crítico postmodernista, el vallegrandino Alexander von Comatirendi Peña (sin lugar a dudas la voz más calificada del entorno de críticos literarios latinoamericanos) calificaría como: “de la puta madre”. Su vértigo narrativo es notable. La prosa fluye como un río que te arrastra para evidente placer tuyo. El personaje no se hace quilombos ético-existenciales, trabaja, come, bebe y coge que da gusto. Con ella comprendí que un narrador debe solucionar únicamente dos cosas: qué decir y cómo decirlo. Recomendable al ciento por ciento. Además, al autor le encantó la presentación que hice de ella. O sea, estamos bien.
Poesiacá. Fue un lindo experimento que reunió a once poetas, los que –en un espacio premeditamente caótico- leyeron sus textos. Hubieron velas y armónica. Pablo Osorio lee realmente bien. Yo me descubrí bastante clásico, poco histriónico. Resumiendo, que “mi mejor época del año, mi carnaval personal” volvió a ser una fiesta íntima y grupal en la que –poquito a poco- estamos construyendo una ciudad que merece darse el regalo decisivo: los libros.