Celebración de la memoria

6 de diciembre de 2007

Ayer por la noche me di el gusto de leer “de un sopetón” un libro bastante especial.

Su título es Mi vida, fue escrito por la señora Aida Chávez Hurtado y publicado cerca a 1974.

Por fuera es bastante insignificante, apenas si parece un cuadernillo amarillo. No tiene editorial, ni tapa dura, ni fotos, ni nada. Cada párrafo empieza con la palabra inicial escrita con MAYÚSCULAS y data de la época en la que los monosílabos dio, vio, fue y fui aún llevaban tilde… ¡Ah! Pero por dentro…

El fondo de las cosas

Por dentro es un maravilloso documento. Está conformado por una serie de episodios con los que la autora reconstruye su paso por este mundo y –valga la redundancia- de paso nos bosqueja el mundo en el que le tocó vivir.

De esta manera nos enteramos cómo miércoles eran las cosas en Santa Cruz y –sobre todo- el Beni rural durante la primera mitad del siglo pasado. Asistimos, hipnotizados, a un relato simple y directo de hechos tales como: la convivencia con serpientes, la campaña del Chaco, los imposibles viajes en carretón, la aparición del primer taxi-aéreo en la región, alguna escaramuza del mítico “bandolero” Carmelo Hurtado, la servidumbre de los pueblos selváticos, la alegría de los nacimientos, el luto en el que nos detienen los que van partiendo pero, por sobre todas las cosas, la fe insobornable y militante en Dios.

Declaro que no pude soltar el libro hasta que agoté las escasas 54 páginas que lo componen, felizmente atrapado por un relato simple y, a la vez, vital.

De esta manera, gracias a esta mujer que, además de ser una de las ganaderas más importantes de la época, se dio el tiempo necesario como para escribir sus memorias, es que hoy poseemos un invalorable vistazo hacia las cosas que fueron y que –claro- nos ayudan a comprender a las cosas como hoy son.

Celebro, una vez más, a la página escrita como la memoria de la gente y del tiempo.

7 comentarios:

Torumano dijo...

Querido amigo, parace que has hecho un buen descubrimiento. La virtud de un texto de esa naturaleza está en la que señalas: la recuperación de la memoria. Probablemente, en el caso de nuestro presente, esto esté mucho más documentado gracias a miles y miles de blogs (ojala y varios tuvieran ese modo y relataran anécdotas, costumbres y vivencias más allá de lo subjetivo), pero nuestro pasado en el Oriente Boliviano, aun el inmediato, está escondido entre los oscuros nubarrones del tiempo, habría que invitar a los mayores que lo recuerden para nuestra riqueza. Mucho te agradecería que lo lleves el sábado, así le doy una hojeada.

Juan Ángel dijo...

disculpe amigo Oscar la intromisión, pero he querido pedirle este favor hace tiempo,no se si me recuerda, mi nombre es Juan Ángel, fui su alumno en la nur, por favor entre a este blog y digame que le parecen los escritos.

Juan Ángel dijo...

osvaldopuentes.blogspot.com

El defensor del derecho al delírio dijo...

Usted también debería escribir algunas memorias.

Anónimo dijo...

Torumano:

Querido amigo, tenés razón en ambas apreciaciones. Quizás escribimos como brillante recurso contra la desmemoria y el tiempo.

Te debo un par de horas.

Juan Ángel:

Ya le di una primera ojeada, prometo -a mi vuelta- explayarme un poquito más. ¡Bienvenido!

El defensor del derecho al delirio:

Como bien señala nuestro lúcido Torumano, nuestros blogs (el tuyo, el mío, los de los demás) quizás sean un novísimo modo de ir coleccionando nuestras memorias, ¿o no?

Un fuerte abrazo.

Rodrigo M. dijo...

Estimado Sr. Gutierrez, Orlando Mercado Chavez como, hijos de la Sra. Aida Chávez Hurtado y su familia, le hacemos llegar el más sincero agradecimiento por las bellas menciones del testamento de vida que nuestra madre y abuela, en un pequeño relato escribió para su familia y amigos, con un tiraje de 200 ejemplares.

Del mismo modo, le agradecería visitar el side http://misantacruz.iespana.es, donde se encuentra el borrador de mi libro Una Nación Cautiva en América del Sur.

Nuevamente mi eterno agradecimiento.

Orlando Mercado.

Toborochi dijo...

Orlando:

Para mí fue una fuente de deleite total el tener acceso a las páginas que escribió tan entrañable señora. Por lo que, el agradecido, soy yo.