La poesía del Gabo

22 de enero de 2008

Cuando le mencioné a mi dilecto amigo y poeta Gary Daher Canedo que estaba empezando a leer la novela Cien años de soledad y me dijo: “¡Ah! Pero qué lindo. Ése es un gran poema”, confieso que no le entendí.

Pero luego, a lo largo de múltiples noches recostado en mi cama del kilómetro seis y medio de la carretera a Cotoca, aferrado a mi verduzco ejemplar de la Edición Conmemorativa, súbitamente era arrastrado por un desmesurado río de palabras hacia alguna de las cinco esquinas encantadas de Macondo, el mítico caserío, luego pueblo, en el que ocurre el nacimiento, apogeo y muerte de la desbordada dinastía de los Buendía.

Hoy, a manera de celebrar el magnífico uso del idioma que posee el Gabo, quiero compartir con ustedes algunos fragmentos de esta monumental obra de arte.

“… tal vez si se hubiera casado con ella hubiera sido un hombre sin guerra y gloria, un artesano sin nombre, un animal feliz”. (p. 204).

“… aquel hijo por quien ella habría dado la vida, era simplemente un hombre incapacitado para el amor”. (p. 285).

“…donde Meme lo esperaba, desnuda y temblando de amor entre los alacranes y las mariposas…”. (p. 332).

“Acostumbrado al ruido de la lluvia, que a los dos meses se convirtió en una nueva forma del silencio…”. (p. 355)

“… y el alma se cristalizó con la nostalgia de los sueños perdidos (…) se desmoronó a los primeros embates de la nostalgia (…) Se humanizó en la soledad”. (pp. 412 y s.).



Pero mis párrafos preferidos corresponden a la descripción de –cómo no- la realización de un acto sexual que (y esto es especulación pura) bien podría ser un espejo del momento que provocó el nacimiento de algunos de nosotros, verdaderos hijos (y padres) del deseo.

“Aureliano sonrió, la levantó por la cintura con las dos manos, como una maceta de begonias, y la tiró bocarriba en la cama. De un tirón brutal la despojó de la túnica de baño antes de que ella tuviera tiempo de impedirlo, y se asomó al abismo de una desnudez recién lavada que no tenía un matiz de la piel, ni una veta de vellos, ni un lugar recóndito que él no hubiera imaginado en las tinieblas de otros cuartos.

(…) Era una lucha feroz, una batalla a muerte, que sin embargo parecía desprovista de toda violencia, porque estaba hecha de agresiones distorsionadas y evasivas espectrales, lentas, cautelosas, solemnes, de modo que entre una y otra volvieran a florecer las petunias y Gastón olvidara sus sueños de aeronauta en el cuarto vecino, como si fueran dos amantes enemigos tratando de reconciliarse en el fondo de un estanque diáfano (…) Entonces empezó a reír con los labios apretados, sin renunciar a la lucha, pero defendiéndose con mordiscos falsos y descomadrejeando el cuerpo poco a poco, hasta que ambos tuvieron conciencia de ser al mismo tiempo adversarios y cómplices…

De pronto, casi jugando, como una travesura más, Amaranta Úrsula descuidó la defensa, y cuando trató de reaccionar, asustada de lo que ella misma había hecho posible, ya era demasiado tarde. Una conmoción descomunal la inmovilizó en su centro de gravedad, la sembró en su sitio, y su voluntad defensiva fue demolida por la ansiedad irresistible de descubrir qué eran los silbos anaranjados y los globos invisibles que la esperaban al otro lado de la muerte. Apenas tuvo tiempo de estirar la mano y buscar a ciegas la toalla, y meterse una mordaza entre los dientes, para que no se le salieran los chillidos de gata que ya le estaban desgarrando las entrañas”. (pp. 449 y s.).

Resumiendo, Cien años de soledad y Gabriel García Márquez serán leídos incluso después de que sea devorado el último Macondo sobre esta Tierra. Tal es la certeza que provoca el doloroso placer de leer a un auténtico clásico universal.

7 comentarios:

El defensor del derecho al delírio dijo...

Dios! es un gran libro...

yo lo estoy leyendo por primera vez y Wuao... luego les cuento la experiencia...

La Vero Vero dijo...

Y qué tal la edición aniversario, che? Vale la pena, para alguien que ya tiene la normalita? Tu sentido post me hizo dar ganas de leer nuevamente ese clasicón...

Un abrazote Marquezano

Luna dijo...

lo lei dos veces y sin duda lo volveria a leer...
sus letras son un viaje increible..desde la locura hasta el placer...

un besoo!
como es puky?

Toborochi dijo...

Defensor: ¡Qué bueno! Un tema más para conversar durante nuestra siguiente incursión en la noche cruceña.

Vero Vero: ¡La vale! Sucede que trae varias aproximaciones literarias a la obra del Gabo. Entre ellas una de Vargas Llosa que -como siempre, en su faceta de escritor- es bri-llan-te. Te proporciona unas "claves" que enriquecen enormemente nuestro propio acceso al universo macondiano.

Vuelve el abrazote marquezano.

Luna: Sí, es como dices, y en cada re-lectura uno descubre nuevas aristas, enfoques, guiños y hasta obviedades que antes se nos pasaron inadvertidas.

La otra opción es sumergirse en El amor en los tiempos del cólera... mi personal favorita.

Un besote, a ver si te aparecés en Peko's el jueves.

Buen-a-venturas dijo...

excelente libro, luego probá con "El otoño del patriarca", es otro poema bellísimo. A mí me gustó más.
Un abrazo, Puky, te escribo porque ya puedo sentarme.jajjaja

Toborochi dijo...

¡Sí! Lo leí, y aun cuando al día de hoy me acuerdo muy poco sobre la trama, sé que mientras lo leía era muy feliz. En "El olor de la guayaba" el mismo Gabo mima bastante a ese hijo suyo.

Bienvenida al mundo de lo casi vertical.

Un abrazango.

christian dijo...

Hola hermano me llamo Christian Chininin y concuerdo contigo en concebir a "Cien años..." como un poema... bueno.. hay líneas que me son difíciles de entender... por ejemplo "los silbos anaranjados y los globos invisibles que la esperaban al otro lado de la muerte" ¿qué quiere dar a entender eso?... me encantan las novelas, me encanta la literatura pero no entender poesía me frustra como lector. Necesito ayuda en ese tema. Espero tu respuesta entonces. Un abrazo y gracias.

En mi blog tengo algunos cuentos:

xtiancs.blogspot.com