La recientemente finalizada décima versión de la Feria Internacional del Libro (FIL) dejó varias imágenes inolvidables.
Entre ellas:
La cola para entrar. El domingo, a eso de las seis de la tarde, cuando llegué a la Feria con Danáe, mi cuñadito y la de los ojos extraños, una larga y sorprendente cantidad de personas hacían cola para entrar… ¡¡¡A LA FERIA DEL LIBRO!!! No a ver tetas ni traseros, sino libros. Bien por la ciudad de los anillos.
El baile de los escritores Gustavo Cárdenas y Blanca Elena Paz. Sucedió en el marco de la “Noche de autores” del Grupo Editorial La Hoguera. Mientras el saxo y la flauta traversa de dos de los integrantes de Jaque Mate nos hacían alucinar con melodías increíbles (Niña camba, O que será y My heart will go on, entre otras), los escritores arriba mencionados –con un feeling que no se les sospechaba (por lo menos yo no)- danzaron para nosotros. Se vieron bellos.
Esta vez fui invitado a presentar tres libros: Niña camba de Adolfo Mier Rivas, …y tu nalga también de Edson hurtado y El exilio voluntario de Claudio Ferrufino-Coqueignot (novela ganadora del Premio Casa de las Américas 2009). Supe resolver estos desafíos con precisión, naturalidad y solvencia, creo que me estoy convirtiendo en un buen lector, ya me doy cuenta de algunas cosas… Además me pagaron (bien) por hacerlo.
La novela El exilio voluntario. Claudio Ferrufino-Coqueugniot ha escrito una novela que el inefable crítico postmodernista, el vallegrandino Alexander von Comatirendi Peña (sin lugar a dudas la voz más calificada de
l entorno de críticos literarios latinoamericanos) calificaría como: “de la puta madre”. Su vértigo narrativo es notable. La prosa fluye como un río que te arrastra para evidente placer tuyo. El personaje no se hace quilombos ético-existenciales, trabaja, come, bebe y coge que da gusto. Con ella comprendí que un narrador debe solucionar únicamente dos cosas: qué decir y cómo decirlo. Recomendable al ciento por ciento. Además, al autor le encantó la presentación que hice de ella. O sea, estamos bien.
Poesiacá. Fue un lindo experimento que reunió a once poetas, los que –en un espacio premeditamente caótico- leyeron sus textos. Hubieron velas y armónica. Pablo Osorio lee realmente bien. Yo me descubrí bastante clásico, poco histriónico. Resumiendo, que “mi mejor época del año, mi carnaval personal” volvió a ser una fiesta íntima y grupal en la que –poquito a poco- estamos construyendo una ciudad que merece darse el regalo decisivo: los libros.
Sobrevolando el Vaginario en la FIL. A sillas llenas (con espectadores parados, incluso) arrancó nuestro más reciente “sobrevuelo”. Volvió a suceder el arte: gente que lo disfrutó, gente que lo amó, gente que se salió, gente que se incomodó, gente que se acercó… Entre ellas, una jovencita pelirroja embarazada que, mientras le escribía la dedicatoria en su ejemplar de mi libro, quiso decirme cosas y no pudo. Estaba visiblemente conmovida.
Sobrevolando el Vaginario (2). En cierto momento del (¿show?), vi y también miré a mis dos amigos/cómplices/compañeros y –de golpe- supe lo mucho que, en el futuro, iba a extrañar eso de estar juntos –plenos y felices- subidos sobre un escenario diciendo lo nuestro. Fue como una saudade, pero al revés.