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Autofeedback

8 de octubre de 2009

La semana pasada por fin salió el resultado del Concurso Nacional de Literatura convocado por la H.A.M. de Santa Cruz de la Sierra.

El haber ganado hace un par de años produjo en mí una de las situaciones más desventajosas y problemáticas que puede desarrollar un ser humano contemporáneo: el tener expectativas.

No gané y, peor aún, mi género se declaró " desierto".

Mi primera reacción fue el achacarle a la edad de los jurados (pues a todos los conozco) su "no comprensión de mi excelente propuesta," puesto que en ella menciono hasta al Facebook). La segunda fue creer que no lo habían leído, que en un lamentable error administrativo mis textos habían sido extraviados por ahí.

Ni lo uno, ni lo otro ("sino todo lo contrario", frase de, creo, el maestro Cantinflas). Al releer lo enviado me di cuenta de que muchos de los poemas aún están en fase embrionaria.

En resumen, me faltó pelearme mejor con las palabras para hacer que ellas digan lo que yo quiero que digan.

Postales de la FIL

11 de junio de 2009

La recientemente finalizada décima versión de la Feria Internacional del Libro (FIL) dejó varias imágenes inolvidables.

Entre ellas:

La cola para entrar. El domingo, a eso de las seis de la tarde, cuando llegué a la Feria con Danáe, mi cuñadito y la de los ojos extraños, una larga y sorprendente cantidad de personas hacían cola para entrar… ¡¡¡A LA FERIA DEL LIBRO!!! No a ver tetas ni traseros, sino libros. Bien por la ciudad de los anillos.


El baile de los escritores Gustavo Cárdenas y Blanca Elena Paz. Sucedió en el marco de la “Noche de autores” del Grupo Editorial La Hoguera. Mientras el saxo y la flauta traversa de dos de los integrantes de Jaque Mate nos hacían alucinar con melodías increíbles (Niña camba, O que será y My heart will go on, entre otras), los escritores arriba mencionados –con un feeling que no se les sospechaba (por lo menos yo no)- danzaron para nosotros. Se vieron bellos.

Esta vez fui invitado a presentar tres libros: Niña camba de Adolfo Mier Rivas, …y tu nalga también de Edson hurtado y El exilio voluntario de Claudio Ferrufino-Coqueignot (novela ganadora del Premio Casa de las Américas 2009). Supe resolver estos desafíos con precisión, naturalidad y solvencia, creo que me estoy convirtiendo en un buen lector, ya me doy cuenta de algunas cosas… Además me pagaron (bien) por hacerlo.

La novela El exilio voluntario. Claudio Ferrufino-Coqueugniot ha escrito una novela que el inefable crítico postmodernista, el vallegrandino Alexander von Comatirendi Peña (sin lugar a dudas la voz más calificada del entorno de críticos literarios latinoamericanos) calificaría como: “de la puta madre”. Su vértigo narrativo es notable. La prosa fluye como un río que te arrastra para evidente placer tuyo. El personaje no se hace quilombos ético-existenciales, trabaja, come, bebe y coge que da gusto. Con ella comprendí que un narrador debe solucionar únicamente dos cosas: qué decir y cómo decirlo. Recomendable al ciento por ciento. Además, al autor le encantó la presentación que hice de ella. O sea, estamos bien.

Poesiacá. Fue un lindo experimento que reunió a once poetas, los que –en un espacio premeditamente caótico- leyeron sus textos. Hubieron velas y armónica. Pablo Osorio lee realmente bien. Yo me descubrí bastante clásico, poco histriónico. Resumiendo, que “mi mejor época del año, mi carnaval personal” volvió a ser una fiesta íntima y grupal en la que –poquito a poco- estamos construyendo una ciudad que merece darse el regalo decisivo: los libros.


Sobrevolando el Vaginario en la FIL. A sillas llenas (con espectadores parados, incluso) arrancó nuestro más reciente “sobrevuelo”. Volvió a suceder el arte: gente que lo disfrutó, gente que lo amó, gente que se salió, gente que se incomodó, gente que se acercó… Entre ellas, una jovencita pelirroja embarazada que, mientras le escribía la dedicatoria en su ejemplar de mi libro, quiso decirme cosas y no pudo. Estaba visiblemente conmovida.

Sobrevolando el Vaginario (2). En cierto momento del (¿show?), vi y también miré a mis dos amigos/cómplices/compañeros y –de golpe- supe lo mucho que, en el futuro, iba a extrañar eso de estar juntos –plenos y felices- subidos sobre un escenario diciendo lo nuestro. Fue como una saudade, pero al revés.






Después de la resaca

12 de junio de 2008

El pasado domingo concluyó la Novena Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra. Las evaluaciones arrojan un gran, feliz y alentador saldo a favor.

Institucionalmente el primer objetivo está logrado: los habitantes de la ciudad de los anillos nos hemos "apropiado" de ella. La hemos hecho nuestra... y difícilmente la soltaremos. 45 000 visitantes es una cifra por demás elocuente.

En lo personal, viví como nunca nueve de sus once jornadas. Al llegar me sentía como se siente un niño al entrar en una juguetería, un ebrio en Oktober Fest, un nuevo rico en Caesar Palace.

Compré más libros que nunca. Una decena, bueno, quizás más... Ahora estoy pobrísimo pero contento.

La Hoguera, "mi" Editorial, se pasó. Todo su equipo contribuyó para que me sintiera alguien importante. Gracias a ellos sentí –por fin- que soy un escritor (lo cual me ha catapultado -entre otras cosas- al sitial de “adulao” entre mis tías y celebridad entre mis sobrinos, por lo menos por una semana).

Entre las cosas que no quiero olvidar nunca está ese instante perfecto en el que una veintena de personas y varios periodistas nos acribillaron a los escritores con una ráfaga eternamente fugaz de flashes y filmaciones. Ese momentito de fama me conmovió. Y quiero repetirlo. La notoriedad crea adicción y el reconocimiento es una droga, habrá que anotarlo.

El jueves 5, para la presentación de mi tercer poemario, Sobrevuelo 2.0, tal y como indicó el Diario El Deber, “no cabía un alfiler”. Realmente me emocionó el ver a esa enorme cantidad de gente (familiares, amigos, escritores, alumnos y desconocidos) que estaban ahí por mí, es decir, por mis poemas. Me sentí abrumado.

Las musicalizaciones de Verty y Eduardo pusieron el tono, la lectura de Gary, la intensidad y las palabras de Alexeis, la distensión. El plato estaba servido. Confieso que por un momento decidí que sólo iba a decir “gracias”, y punto. Pero, comunicador al fin, agarré el micrófono y no lo solté más. “Disculpen, esto sucede una vez cada 37 años”, fue mi tenue explicación.

Al finalizar, me puse de pie para leer “Credo urbano”. Luego escuché los aplausos, quiero creer que duraron tanto como los recuerdo ahora: largos, fuertes, sinceros… (en ese momento, con manos invisibles hice la gran Topo Gigio de Riquelme para escucharlos mejor), porque la vida, (¡mierda!), no es fácil, (¡carajo!), disculparán entonces que exhiba sin pudor el legítimo orgullo que siento por haber sido el causante de tanto cariño sonoro.

Después de dedicar libros por aproximadamente una hora (¡chúpense ésa Brad Pitt, Bono y Aldo Peña!), nos fuimos con algunos amigos a celebrar… Dos días después la paramos. Es que ya estaba bueno y... nos habíamos quedado "yescas".


P.D. 1 El domingo le dije al Animal de Ciudad que en mi presentación: “¡había gente afuera!”, a lo que respondió con su habitual sensibilidad: “¡es que no querían entrar!". Como recopila el Papirri: “¡Bien inteligente es este cojudo!”.


P.D. 2 Con mi más reciente “queridísimaforever”, Paola Senseve, y el de arriba (no, no Dios, el Animal nomás), hemos decidio preparar el “Sobrevolando el Vaginario”, o el “Sobrevuelo Animal por el Vaginario” o el ¡Animal, sobrevolá mi vaginario!”. En fin, ya lo decidiremos. La idea es fusionar nuestros respectivos artes y compartirlos creativamente con quienes no se hubiesen acobardado de escucharnos.

P.D. 3 Quedan muchas cosas más en el tintero, o sea, en el teclado, pero, como recomienda mi dilecto Galeano (Eduardo, que no Galy): “no se debe palabrear lo sagrado”.


Terminaré diciendo, entonces, que en estos días la vida está en celo y me mira con santa lascivia. Así que, disculparán ustedes si acepto su invitación y me olvido por un rato que no sé bailar… No me esperen, presiento que voy a llegar tarde. MUY tarde.